Estás sentada en la silla de tu habitación pensando en lo qu deberías de hacer o no. tu mirada se desvía hacia la ventana y la dejas allí, quieta y en soledad dejas que tu mirada se quede sin mirar nada más que ese cielo azul. De pronto, sin previo aviso empiezas a querer ciertas cosas, a desear tener tiempo suficiente para ti sola. Deseas tiempo para aclarar ideas, para olvidar cosas que en el pasado te hicieron una o varias heridas profundas en tu palpitante corazón. Y de repente aparece la imagen de él en tu mente. Y piensas en que se lo tienes que decir pero no sabes cómo. Pero si tienes claro una cosa: se lo tienes que decir cueste lo que cueste. Él tiene que comprender tu decisión, tiene que comprender tu necesidad de estar un tiempo sola. si él te quiere de verdad, sabrá esperar.
Suspiras ante ese hecho que te hace dudar sobre tu intención.
Necesitas ese tiempo más que nada en el mundo. Quieres estar alejada de lo demás que te rodea menos de ti misma. Quieres estar escuchando música, leyendo alguna que otra historia... Y de nuevo viene él a tu cabeza. Este simple hecho es inevitable. Le quieres, le amas, pero quieres ese tiempo. Urges de ese tiempo para mejorar contigo misma. Él devería de comprenderlo en todo momento. Le perjudicarás, pero debes de centrarte ahora en ti y curar esas rozaduras dolorosas que en días como hoy duelen más que otros días.
Solo te queda esperar a que tu tiempo pase para volver a ser la de antes. Has cambiado y te distes cuenta de ello. Por eso requieres de ese tiempo para ti. Cuando pase todo esto, entonces estarás preparada para volver con él. Claro, pero eso será si él te sigue esperando. Y si no es asi te tocará sufrir por su pérdida.
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